Mitos sobre el bilingüismo: tercer mito

Si no se les enseña otro idioma desde que nacen, después es demasiado tarde / No hay que apurarse, los niños pueden aprender otro idioma cuando sean más grandes.

Barbara Pearson, ya mencionada, asegura que según los expertos, el periodo óptimo parece situarse entre el nacimiento y los 3 años, justamente cuando un niño está aprendiendo su primera lengua. Después, el mejor momento es entre los 2 y los 7 años de edad porque todavía son capaces de procesar varios idiomas en senderos paralelos.  Es decir, desarrollan un segundo sistema de lenguaje junto al primero, por lo que pueden aprender a hablar ambos idiomas como si cada uno de ellos fuese su lengua materna.  El tercer período apto para aprender un segundo idioma es antes de la pubertad, entre los 10 y los 13 años de edad. Aclara Pearson que después de la pubertad, los estudios demuestran que los idiomas nuevos se almacenan en una zona diferente del cerebro, por lo que los niños tienen que traducir o usar su lengua materna como sendero hacia ese nuevo idioma. Antonella Sorace, ya citada, afirma que muchos padres de familias bilingües creen que es mejor esperar que un idioma esté bien establecido antes de empezar con el otro. Pero esta práctica priva al niño a la exposición de un segundo idioma en los períodos más importantes. Sorace sostiene que es más difícil introducir un segundo idioma después de unos años y que es más difícil para los padres usar un idioma “nuevo” en la casa después de pasado un tiempo. Idske Bangman y Alex Riemersma, investigadores para el European Research Centre on Multilingualism and Language Learning (Centro Europeo de Investigación sobre Multilingüismo y Adquisición del Lenguaje, mi traducción) manifiestan que los primeros cuatro años son el mejor momento para desarrollar habilidades lingüísticas. Sostienen que una de las habilidades que los niños necesitan adquirir es la  de entender a los adultos en su ambiente, sin importar el idioma que utilicen al dirigirse al niño. A esta edad, el niño también aprende a hablar, adquiriendo el idioma o los idiomas a su propio ritmo y de una manera lúdica y natural.

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